¡ Caillou estaba muy nervioso ! Él y su familia iban de vacaciones y Caillou iba  a montar el avión por primera vez. En su asiento de ventanilla, al lado de papá, Caillou intentaba abrocharse el cinturón de seguridad, pero no podía.

– Deja que te ayude – dijo papá.

Una vez que tuvo puesto el cinturón, Caillou miró a su alrededor.

Todo el avión era nuevo y desconocido: la voz de la azafata en el altavoz, los pasajeros que llenaban el pasillo, el ruido de los motores.

– Siéntate derecho. El avión está a punto de despegar – le advirtió papá.

Mamá y Rosie estaban sentadas detrás de ellos.

Mamá asomó la cabeza entre los asientos.

– ¿ Vais bien?

– Mamá, tienes que sentarte derecha – le dijo  Caillou, imitando a la perfección el tono de voz que acababa de usar su papá.

¡ Habia llegado el momento !

El avión rodó por la pista, aceleró los motores y despegó.

– ¡ Uf !- dijo Caillou, soltando un suspiro. Miró por la diminuta ventanilla y se dio cuenta de que el suelo se alejaba cada vez más.

Papá se inclinó para mirar también.

– Todos esos cuadraditos que ves son casas

– explicó.

A Caillou no le gustaba mucho estar en el cielo. Quería estar de nuevo en el suelo, jugando.

– ¿ Falta mucho?

– Qué va, casi nada – contestó papá.

Caillou dejó de mirar por la ventanilla cuando sintió un delicioso olor a pan caliente.

La azafata se detuvo a su lado con un carrito.

– ¿Quieren desayunar?

Caillou olvidó por completo que estaba nervioso.

– ¡ Sí, por favor!- exclamó.

La azafata puso la bandeja con el desayuno delante de Caillou. Contenía toda clase de cosas buenas para comer: zumo, pan recién hecho, jamón, queso y una fruta de postre. Caillou pensó que el desayuno sabía mucho mejor en el avión.

Papá se puso los auriculares para escuchar música. Cerró los ojos y se recostó en el asiento. Caillou sintió curiosidad por los mandos de apoyabrazos y apretó uno para ver qué pasaba.

– ¡ Ay ! ¡ Qué alto ! – papá se llevó las manos a las orejas.

Caillou se sorprendió.

– Eso me ha hecho daño en los oídos, Caillou – dijo papá, quitándose los auriculares.

En ese momento un hombre de uniforme se acercó a ellos.

– Hola. ¿ Están disfrutando del vuelo ?

Papá susurró al oído de Caillou:

– Di hola a nuestro piloto.

– Hola – contestó Caillou, deseando llevar un uniforme igual de elegante.

– ¿ Te gustaría ver cómo vuela este avión ?

– Preguntó el piloto.

– ¡ Uy, sí ! – exclamó Caillou.

– Bienvenido a  la cabina de mando – dijo el piloto, abriendo la puerta para Caillou y su papá.

El copiloto estaba sentado frente al tablero de instrumentos, con auriculares en las orejas.

– Este es Caillou – dijo el piloto a su ayudante.

– Hola, Caillou – respondió el copiloto, estrechando la mano de Caillou.

Caillou miró fijamente el tablero de instrumentos. Con todas esas luces parpadeantes, todos esos botones y todas esas esferas iluminadas, parecía un videojuego gigante.

Caillou levantó la vista y vio por la ventana que una inmensa bola de pelusa venía hacia el avión.

– ¡ Ay, ay ! Aterrado, se aferró al brazo de papá.

– ¿Que es eso, papi? – Son nubes.

-¡ Nubes ! – exclamó Caillou, muy sorprendido.

Tiró de papá para acercarlo a la ventana. Afuera todo era blanco.

– ¿Estamos ahora dentro de las nubes? – preguntó Caillou.

– Así es –  contestó papá. Caillou le abrazó.

– Se está bien entre las nubes, ¿ verdad, papá?

– Aterrizaremos pronto – anunció el piloto -.

Deberían volver ya a sus asientos.

Caillou estaba triste. Quería quedarse en la cabina de mando.

– Espera, tengo algo para ti – añadió el piloto. Rebuscó en su bolsillo y sacó un pequeño par de alas, que prendió en la camisa de Caillou -. Todos nuestros jóvenes pilotos se ganan sus alas.

Caillou nunca se había sentido tan orgulloso. Volvió a su asiento, deseando que el mundo entero viera su insignia.

Con la nariz pegada a la ventanilla, Caillou vio aterrizar al avión. Cuando las ruedas tocaron la pista, sintió una ligera sacudida.

– ¡ Yupi! Ya está, papá. Hemos vuelto al suelo.

A Caillou le hacía feliz haber llegado.

Papá le ayudó a desabrocharse el cinturón. Detrás de ellos, mamá hacía lo mismo con Rosie.

Los pasajeros se dirigieron a la salida.

– Gracias por viajar con nosotros – dijo la azafata -. Adiós, Caillou. Que pases buenas vacaciones.

A Caillou le hizo mucha ilusión que la azafata supiera su nombre.

– Espero que nos veamos en el vuelo de vuelta – añadió la azafata, dirigiéndose a papá y mamá.

Caillou estaba deseando volver a casa. Como ya tenía a sus alas, quizá en el vuelo de vuelta ¡ el piloto le dejara pilotar el avión !

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR