La pequeña seta vivía bajo en gran castaño junto a su mama. Era un lugar muy fresco y  húmedo en el que vivían felices. Cierto día, la pequeña seta, vio a lo lejos a un hombre que llevaba un canasto lleno de setas. –Mamá –dijo la pequeña- yo quiero que ese hombre me suba en su cesto y me dé un paseo por el bosque porque aquí me aburro.

 

 

La madre, asustada, le dijo: -¡Estás loca!, ese hombre no está dando un paseo a las setas, sino que las arranca para cocinarla y comérsela. El pequeño se quedó mudo, y  temblando de miedo se escondió tras su madre y esperó a que el hombre se fuera.

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