PULGARCITO CUENTOS CLASICOS

 

Érase una vez un leñador que vivía con sus siete hijos. Eran muy pobres y el hombre no podía alimentarlos a todos.
Pulgarcito era el pequeño de los siete hermanos. Llegaron tiempos difíciles y, una noche, pulgarcito escuchó a sus padres, que hablaban muy preocupados:- Lo mejor es que los abandonemos en el bosque para que aprendan a ganarse la vida.
Al día siguiente, la familia salió al bosque a cortar leña. Todos cantaban y reían mientras pulgarcito, que era muy listo, iba dejando miguitas de pan para marcar el camino.
Cuando el sol desaparecía por el horizonte, los niños se dieron cuenta de que sus padres se habían ido y ellos estaban solos. – ¿Cómo volveremos? Nunca encontraremos nuestra casa -decían mientras lloraban asustados.
-No os preocupéis – Les dijo Pulgarcito -,he marcado el camino con migas de pan, así que pronto estaremos en casa sanos y salvos.
Siguieron el rastro que había ido dejando purlgarcito pero enseguida se dieron cuenta de que muchas de las migas ya se las habían comido los pajaritos.
Caminaron toda la noche. Al amanecer, llamaron a la puerta de una enorme casa. Una amable señora abrió e invitó a los chicos a pasar, pero antes les avisó de que allí vivía un terrible ogro que devoraba niños. Aun así, estaban tan cansados que decidieron quedarse.
-Entonces – Dijo la mujer -, os marcharéis cuando el ogro llegue a casa, porque si no os olerá y querrá que le sirváis de cena para esta noche.
-¡Hum! ¡aquí huele a niño! – Dijo el ogro al entrar. Y rápidamente los chicos huyeron por la ventana.
El ogro descubrió el engaño. Muy enfadado, se calzó sus botas de siete leguas y salió corriendo detrás de los niños para comérselos y saciar su hambre.
Después de mucho correr, decidió descansar un rato y echar una siesta en un lugar que los niños veían desde su escondite.
Pulgarcito aprovechó entonces para quitarle las botas al ogro. Cuando el ogro despertó, miró primero a sus pies y no encontró las botas. – ¿Qué habrá ocurrido con ellas? – Se preguntó extrañado. Y un pajarito se lo contó.
Pulgarcito, feliz y orgulloso con sus nuevas botas mágicas, consiguió trabajo como cartero real y así pudo ayudar a su familia a salir adelante.